Azul.


MicroRrelato ganador de Colectivo Letras Libres.

 

De Carmen Gonzalez Picardo.


Verónica era toda color avellana, cáscara de seda y tacones de Chanel. Bajo el vestido siempre menudo y el enrejado de medias, sus piernas no tenían fin. Las mías sí, las mías terminaban en un dobladillo zurcido a la altura de mis siempre apostilladas rodillas.
Ella me enseñó a guardar mi diario rosa en el bajo del colchón, me llenó la cabeza de ideas libertinas y de rimel negrísimo el abanico desdentado de mis pestañas.
Todas las tardes jugábamos en mi habitación a ser quienes no éramos. Entonces yo me llamaba Azul y ella me prestaba sus tacones y sus sujetadores de puntilla rellenos de calcetín. Azul liberada, Azul atrevida, Azul distinta, Azul yo.
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Un día mi padre descubrió mi juego y con su látigo moral hizo de mi cáscara de seda una piel de espigón. Verónica desapareció en el fondo de mi armario y yo dejé de perseguir gusanos que nunca serían mariposas.
Años después, a veces, encuentro la puerta del armario entreabierta, y puedo oler su perfume de flores caras. Entonces la cierro con el candado de la rendición, y busco consuelo en los brazos de mi mujer. Me gusta llamarla Azul.
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