Como ser una señora y no morir en el intento.


Por Rocio Sepulveda.                              12654134_10207092644247997_8464745383575443276_n


 

 

Una de las cosas más difíciles en esta vida es llevar la edad y la experiencia con dignidad, por ello debo mostrar toda mi admiración y respeto por aquellas señoras con el suficiente bagaje en la vida como para colocarse a tu lado en cualquier cola-fila que se preste, en paralelo, como quién no quiere la cosa; porque solo ellas son capaces de mantenerte en tensión hasta que sea tu turno, pensando que en cualquier momento, cuando menos te lo esperes, se te van a colar; sobre todo porque la mayoría de las veces, las muy listas, se te cuelan.
Y es que hasta para ir a la compra hay que saber, y las señoras si que saben. Solo ellas son capaces de llevar el carro de la compra como Dios manda; de cuadros si es posible, y empujándolo hacia delante, a lo loco, sin mirar; y si por algún casual te golpean en el tobillo, no esperes que te pidan perdón, porque seguramente la culpa sea tuya por no apartarte de su camino. El supermercado es suyo, ellas mandan, señoras rules.

95039695_oY es que una señora de verdad tiene la increíble capacidad de invertir gran parte de su vida en las salas de espera de los centros de salud sin que se les mueva un solo pelo (bueno en esto también influyen las cantidades industriales de laca) ; solo ellas son tan capaces de mimetizarse con la sala de espera que llegas a plantearte seriamente que a ver si es que las coloca ahí la sanidad pública para amenizarte las esperas.Porque las señoras hablan, hablan y vuelven a hablar, sin filtro, especialmente para quejarse o para hacerte un diagnóstico, así, con solo mirarte, porque ellas lo saben todo, y lo que no saben se lo inventan, y aciertan; porque seguro que ellas fueron las primeras en darse cuenta que el Aquarius no es para los deportistas, es para las cagaleras.
Y es que solo ellas son capaces de adivinar cual es el sexo de tu bebé si estás embarazada, 100% de fiabilidad, garantía total, y si por algún casual se equivocan, ten por seguro que la culpa es tuya y te han dado el cambiazo en el hospital.

Pero no sólo usan su boca para hablar, también tienen la habilidad de masticar con la boca tan abierta que eres capaz de adivinar lo que han cenado la noche anterior. Mastican lo que sea: un chicle, un caramelo de la última cabalgata de los reyes magos, o un pellizquito de la barra de pan o de “la baguette” en su defecto, con un ruido y una intensidad tal, que te llevan a pensar que una señora de verdad lleva su propia BSO incorporada.

Y mucho ojo con sentarte muy cerca de alguna de ellas, porque la señora cuando tose es que tose de verdad, sin miramientos, sin piedad, en tu cara, sin mano ni pañuelo protector que valga, a pecho descubierto y sobre todo sin contar con el hecho de que si está esperando al médico es porque su salud no pasa por su mejor momento. Aun así la culpa es tuya, se siente, haberte puesto en otra parte.
azoteaY puestos a hablar de estilo, nadie es capaz de llevar con tanta dignidad una bata y unas zapatillas de andar por casa a la calle como ellas. Ya sea para comprar el pan, sacar la basura o pasear al perro; perro que debe acompañar en tamaño, densidad de pelo y forma de caminar a su dueña, y cuanto más pequeño y antipático pues mejor, la verdad es que una señora nunca sabe cuando puede necesitar que su perro-rata ladradora la defienda del mal ajeno. Y en casos extremos, ya si eso, de morder se encarga la propia señora.
Porque una señora de verdad no se adapta a las nuevas tecnologías, lo intenta, pero tampoco es que se esfuerce mucho; y es que solo ellas son capaces de tener el teléfono móvil apagado-perdido-fuera de cobertura cuando más las necesitas, y tener la increíble habilidad de encenderlo-encontrarlo-recuperar la cobertura en el momento más inoportuno de tu vida, y devolverte la llamada.
Y mucho cuidado con ellas, porque las señoras por norma general nunca van solas, suelen agruparse en peligrosas manadas que caminan por la calle ocupando todo el espacio posible, moviéndose indiscriminadamente de un lado a otro sin posibilidad alguna de adelantarlas. Porque la calle es suya, porque sí, porque tienen que caminar juntas y hablar de sus cosas, y si ellas quieren pues se agarran del brazo, y si lo creen necesario, tienen todo el derecho del mundo a marcarse una conga ó un “Paquito el chocolatero”, lo que sea, porque tú y tu prisa, podéis esperar. Y punto.
Y es por eso que se merecen toda mi admiración y respeto, porque sólo ellas son capaces de pensar que si Mahoma no va a la montaña, es porque lo mismo Mahoma es más de playa. Porque ellas lo valen, porque están más evolucionadas que el resto de la humanidad, porque están por encima del bien y del mal. Y es que, sinceramente, más quisieras tú y más quisiera yo, algún día, llegar a ser señoras.
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Un comentario en “Como ser una señora y no morir en el intento.

  1. Siempre leo lo que publica esta chica porque cuenta muchas verdades con una pizca irónica. … mi mayor admiración tanto por lo que escribe como por los cortos que realiza. Ojalá llegue muy muy muy pero que muy lejos!

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