Dos mujeres asomadas al pozo luminoso de la vida

El paseo marítimo está casi desierto. Vuelvo de una noche de juerga haciendo ligeras eses, que no se diga que los andaluces nos las comemos. Dos mujeres pasan por mi lado —sus faldas ondeando al compás del viento de levante; sus cuerpos cerca, pero no tanto como para tocarse; su animada conversación rompiendo el silencio de la madrugada—. Con sus pasos diligentes, pronto me sacan ventaja. Las veo alejarse, sus espaldas jóvenes, sus piernas vigorosas, los ecos de sus risas acortando nuestras distancias, mientras la luz amarillenta de las farolas se derrama piadosamente sobre ellas. Su imagen se queda grabada en mi retina unos segundos. Se me antojan felices.

jetty-1030712_1920.jpgInexplicablemente —¿el alcohol agudiza los receptores de las emociones?—, siento el roce de sus brazos, una incursión mínima, casi inapreciable, en la intimidad común. Siguen caminando y, en un momento, el brazo de una, la más decidida, o la que tiene menos que perder, se posa en el hombro de la otra. Y esta se deja. La mira brevemente, apenas un instante, y sigue dejándola hacer, aunque no le corresponde. Sus pasos ligeros, ahora más acompasados, golpean el pavimento. Continúan en silencio, como si lo que acaba de pasar les hubiera robado el habla, antes tan fluida y bulliciosa. De pronto, la que se dejó hacer se detiene y se sitúa frente a la otra, la dulce agresora, la que se atrevió. Esta vez, la mira largo, e imagino que suave —yo desde lejos no puedo apreciarlo— y, rodeándola con sus brazos, acerca sus labios a los de su compañera. Hasta mí llega el dulce sabor de ese beso largo, profundo y transgresor que sale de sus bocas. Permanecen allí paradas un rato. Labio con labio, pecho con pecho, vientre con vientre, deteniendo el giro del planeta y anticipando el amanecer.

Solo ellas y mi intrusa mirada. Y la noche comienza a hacer cabriolas de puro contento y las olas, a arrullar bajito ese amor recién estrenado, ajeno a los prejuicios y a la condena de quién no ha tenido la osadía de lanzarse al pozo luminoso de la vida donde solo existe el goce. Sin género. Ni siquiera de dudas.


Alicia DOminguez

Por Alicia Dominguez.


 

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Un comentario en “Dos mujeres asomadas al pozo luminoso de la vida

  1. Cuento breve con elegidas palabraa tan acordes con los sucesos que suenan muy dulces, muy justas, muy adecuadas para describir un momento que es salvador de dos vidas que al parecer poco tenían de innovadoras.Me.gustó.

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