El contexto en la comida


Por íñigo Blanco.

Inocente anuncio de una conocida marca de fabada. Refugio de montaña. Una entrañable cocinera de toda la vida ataviada con el atuendo típico de las asturianas de pura cepa, pañuelo en la cabeza incluido, nos ofrece un humeante plato de “su” fabulosa fabada ante la que no podemos hacer menos que poner los ojos vueltos. ¡¡Sin duda es la mejor fabada que hemos probado en la vida!! Una fabada de lata se nota, pero estaría interesante ver si el anuncio está exagerando o no.

wine-215359Otro caso más flagrante es el de una serie de experimentos en los que, a ciegas, dan a probar a entendidos entusiastas del vino, y otros que no lo son tanto, vinos blancos a los que se les ha añadido colorante para convertirlos en tintos junto a tintos que sí lo son de verdad. Se comprobó que sólo el 2-3 % de los catadores pudieron efectivamente diferenciar el vino tinto del blanco. Pero lo que más llamó la atención al ver los resultados no fue el que no dieran ni una la mayoría de participantes sino que en ese 2-3 % que pudo diferenciar un blanco de un tinto, eran mayoría los inexpertos catadores. Es decir, cuanta más información tengamos de antemano, puede que más nos alejemos del verdadero carácter de la obra.

Son ejemplos de que, en cocina, como en otros campos de la vida, sobre todo en lo que a cultura se refiere, el contexto y lo que a priori sabemos, hacen que degustemos el producto de una manera u otra, independientemente de que la obra en sí tenga una valía per sé. Degustamos con los cinco sentidos, sobre todo con el gusto, la vista y el olfato en lo que a cocina se refiere, pero subestimamos el peso que tiene nuestro cerebro y, sobre todo, la experiencia previa que está grabada en él. Esto habla de lo preparados que podemos estar para tragarnos con sumo gusto cualquier cosa que manos expertas nos pongan por delante. Llámese un cuadro, un plato de alta cocina, un poema.

Ante la imposibilidad de borrar, al menos a día de hoy, nuestros recuerdos, prejuicios y conocimientos, lo que sí podemos hacer es darnos cuenta de que con el cerebro también comemos. Comemos modas y corrientes culinarias. Lo único que falta es que haya un comité de expertos, como con los colores, que dicte si este año se va a llevar más la carne de ternera o los brotes verdes. ¿O acaso lo hay?

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