ENTREVISTA A JUAN JOSÉ TÉLLEZ RUBIO.

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     Por Pedro Sánchez Sanz.


 

        Un buen final feliz para una vida creo que debe ser entregar la cuchara y presentir que la has vivido, con sus luces y su sombra, con nuestra pizca de héroe o de villano, honradamente y sin bozal.

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1.- El hecho de haber vivido y amado indistintamente El Campo de Gibraltar y La Bahía de Cádiz le otorga una visión más amplia de la realidad. ¿Por qué la mayoría de la gente se estrecha en lugar de expandirse?
– Rafael Alberti aseguraba que la poesía significa no estar sentado. Hay sedentarios y hay andarríos. Yo soy payo canastero. Respeto a quien no puede moverse de las cuatro paredes de su mundo, pero lamento confirmarles que se están perdiendo el universo.
2.- ¿De dónde arranca esa afición por las letras en un mundo en el que la literatura apenas da dividendos?
– Sólo la risa y la palabra nos hacen racionales, aunque compartamos ambos valores con las hienas y con los loros. La palabra es la mejor sonda que existe para extraer los metales que llevamos dentro. Sean preciosos o no. Los mejores regalos de la vida suelen ser gratuitos. Ahora bien, eso no quita que, como seres humanos, luchemos a diario para que los dividendos lleguen a las manos de quienes realmente los trabajan.
3.- ¿Qué saca de provecho el poeta del periodismo y el periodista de la poesía?
– Realidad y deseo. Y viceversa, claro.
4.- La visión práctica de la vida nace en la mirada que un albañil como su padre le hizo
ver. ¿Con qué se queda de sus enseñanzas? ¿Cómo podría afrontarse el difícil panorama de la crisis que afecta, en mayor medida, al sector de la construcción?
– A mi padre ya le afectaron otras crisis de la construcción y las superó. Esa fue su mejor enseñanza, la de la supervivencia. Su generación buscaba sobrevivir individualmente.
Nosotros ya sabemos que eso es imposible. Que debemos sobrevivir como género humano o, sencillamente, no habrá vida que merezca semejante nombre.
5.- Procede de una generación que ha contemplado la dictadura y la democracia y, por tanto, posee un bagaje ideológico y unos valores que se han ido perdiendo con el tiempo y con la vida fácil. ¿De qué forma podemos insuflar de sentido la existencia de los jóvenes de hoy en día?
juan-jose-tellez– Cuando Franco murió yo acababa de cumplir diecisiete años, lo que ocurre es que fui precoz y ya llevaba un año compartiendo viaje con el antifranquismo. Ahora, sigo compartiendo viaje con quienes luchan para que la democracia sea real. A Chesterton le preguntaron una vez qué le parecían los franceses y respondió que no sabía responder a dicha pregunta porque no conocía a todos ellos. Yo tampoco conozco a todos los jóvenes, pero si realmente su existencia carece de sentido, nadie va a convencerles de lo contrario. Mejor que reserven plaza en un centro de la tercera edad. Si es que siguen abiertos cuando lleguen a viejos.
6.- Defender el bocadillo en el recreo supuso una enseñanza magnífica para salir a la calle. ¿Qué debemos aprender en la actualidad para salir airosos de este mundo?
– Yo soy hijo del suburbio, a mucha honra. En las calles de entonces –como en las de ahora– imperaba la ley del más fuerte. Logré ser pacifista a cambio de perder muchas peleas, aunque también debo decir que gané algunas. En cualquier caso, en viejo barrio y en los colegios de mi infancia no podíamos rendirnos sin luchar. Hoy, tampoco.
7.- El único prólogo que escribió Fernando Quiñones descansa sobre su libro Memorias y otros poemas. ¿Qué supone para usted la figura del autor de La canción del pirata?
– Para mí, Fernando Quiñones fue mi padre literario, un formidable tutor que la suerte puso en mi camino y que no sólo me ayudó a descubrir libros, películas o canciones que probablemente no hubiera conocido sin sus consejos. También me hizo ver que las fronteras entre la literatura y la vida nunca han existido. A la buena vida y a la buena literatura, me estoy refiriendo.
8.- Detesta aburrirse a sí mismo porque de ese modo estaría más próximo el hecho de aburrir a los demás. ¿Cómo puede uno conseguir no repetirse nunca?

–  Repitiéndonos, y sabiendo descubrirlo a tiempo. Los escritores, en particular, tenemos que aprender a usar las papeleras.

9.- Defender las causas perdidas no siempre sale barato. ¿Cuál ha sido el precio más alto que ha tenido que pagar? ¿En un país en donde, en otro tiempo, por mucho menos, un escritor podía acabar en la cárcel o en el paredón?

– Lo mío ha sido una ganga: perder dinero, perder un trabajo o perder poder, es sencillamente no perder nada.

10.- Su narrativa tiene mucho de picaresca. ¿Es así el carácter español?

– Por mucho que se empeñaran los Reyes Católicos y sus seguidores, España –o lo que queda de ella– sigue siendo diversa, heterodoxa, abierta y plural. Pícara y espartana al mismo tiempo, depende de donde se contemple o quien lo haga.

11.- No cree mucho en los finales felices del cine, pues la vida nos demuestra que esos instantes pasan muy deprisa. ¿Qué tipo de esperanza debe llevarse el lector a los ojos?

– Un buen final feliz para una vida creo que debe ser entregar la cuchara y presentir que la has vivido, con sus luces y su sombra, con nuestra pizca de héroe o de villano, honradamente y sin bozal. Alguien dijo –y acertó– que la vida es lo que pasa mientras estás proyectando qué hacer con ella. Pues eso.

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