Slow phone (se lee slou fon).


Por Pepe Monforte.


 

La puñetera crisis. Para mí una de las peores cosas que ha traido ha sido el cierre de María Visión. Mi relajación del día era ponerme a comer el puchero por las noches, delante del televisor y escuchando el Rosario por esta piadosa cadena. La muchacha recitando con voz de Paraiso el Ave María, las imágenes de las flores, y los sorbíos del puchero que había logrado acompasar, a ritmo, con el Angel que anunció a María, lograban relajarme de tal manera, que cuando me acostaba se me había olvidado por completo la prima de riesgo y soñaba con mi prima la que la trabaja en Oslo, que tiene un interés mucho más favorable.

Fijaté la frustación que provocó en mi el cierre que desde entonces no como puchero. No sé si ustedes habrán alguna vez disfrutado de una cena de gente comiendo caldo del puchero. Es una experiencia inolvidable. Cierren los ojos y escuchen los golpecitos de las cucharas en los platos, las diversas cadencias en recorrer el camino entre el plato y la boca y, sobre todo, la intensidad de los sorbíos. Me gustaba mucho de chico averiguar quien era el que sorbía el puchero tan sólo por el ruido que hacían. Mi padre me contaba que uno de los grandes atractivos de Sisi emperatriz era que casi no se le escuchaba cuando tomaba caldo…por eso los hombres caían a sus pies. Undargarín, por lo visto…es más ruidoso.

Y les cuento esto no porque esté majara, que también, sino porque ahora no encuentro como relajarme con los puñeteros móviles. Yo no sé usted pero yo estoy del “güasa” hasta los mismos teriyakis. Cada dos por tres el teléfono me esta haciendo un sonidito y como caigas en la tentación de mirar la pantalla, ya las cagao. Julio José te cuenta que acaba de pegarle el segundo bocao a su shangüi mixto. Carolina, que es muy fina, te envía por instagran una foto de unas medias caladitas que se acaba de comprar. Mi prima la que trabaja en Oslo relata que el rubio que le sirve los mangos en la frutería le tira los tejos y me pregunta que qué hace con el escandinavo. Todos quieren, además respuestas rápidas, y se mosquean si no contestas de inmediato.

Qué le digo yo a un tío que se está comiendo un shangüi mixto, a una tía que se ha comprao unas medias caladitas y a la otra que le gusta el de los mangos.

Por eso quiero crear una oenege, un grupo en facebook o cualquier cosa de gente malaje, de gente que no contesta de inmediato a los mensajes del móvil, de gente que se quiere tomar el café mirando al limbo, a las campanas de la catedral y no a la pantallita como si fuera un controlador de Iberia (que comparación más antigua).

Quiero fundar Slow Phone. Igual que se fundó Slow food para defender la comida lenta, el sorbío del puchero frente al bocao de hiena a una hamburguesa, los slowfonianos queremos que la gente sea un poquito más pacientes con el teléfono y que no se lleven todo el día pegao a él, como si fuera Sergio Ramos cuando juega con Messi.

El móvil, como las pastillas, hay que cogerlo cada ocho horas.

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